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Hemos comenzado recién esta página con testimonios de graduados del Curso de Entrenamiento para Profesores de Yoga ofrecido por la Organización de Yoga Sivananda en sus diferentes Ashrams . Si has tomado el TTC y te gustaría contribuir con esta página, por favor envíanos tu testimonio – desde 2 líneas hasta unas pocas páginas a:

Webmaster@sivananda.org

 

Me siento realmente deleitada y honrada de haber participado…..

Queridos Lalitambika y a todos en Grass Valley,
Gracias una vez más por todo el esfuerzo para que gente como yo participe del TTC. Me siento realmente deleitada y honrada de haberlo tomado y ahora siento que todas las dudas y temores eran injustificados . Me siento orgullosa de mi misma y de todo el grupo, y honrada de haber formado parte de este grupo.
Haber podido trabajar juntos y apoyarnos mutuamente fue una experiencia muy valiosa que intentaré integrar a mi vida.
Uno de los muchos beneficios del curso fue el poder limpiar mis pensamientos, he dejado atrás muchas preocupaciones y ansiedades que han plagado mi vida durante años y me siento feliz de encarar lo que sea que la vida me presente.
Esto es muy notorio en mi trabajo, ya que trato de encarar cada día como una nueva experiencia, y no me preocupo con respecto a lo que se espera de mi – podré con esto? - fluyo mucho mejor.
Como resultado mi nivel de energía se ha elevado muchísimo y por lo tanto tengo mucho más para ofrecerles a los demás.

Anne Accolla (Londres, Inglaterra) – TTC Grass Valley,
Cia, Mayo del 99

 

Fue ciertamente duro...

On Namah Shivaya Om Shanti Om Paz

Para mí el TTC fue una verdadera mezcla de altos y bajos, en la que los altos finalmente ganaron! Fue ciertamente duro, pero sin embargo no tan duro como esperaba (teníamos acceso al correo electrónico, contacto con el mundo exterior, tiempo libre, y hasta chocolate en la boutique!).

Hay mucha disciplina, lo cual, sin duda, es parte de todo el asunto. No estamos allí de vacaciones , pero hay tiempo para nadar, tomar sol y apreciar la belleza que rodea el ashram.

El aprendizaje fue una experiencia increíble, una auténtica cimentación para salir a obtener práctica en la enseñanza. Aparte de las asanas, las conferencias de Bhagavad Gita y filosofía nos dan una prueba real de lo que es el yoga y actúan como guías que señalan las fuentes de mayor información.

Uno de los aspectos que significó una gran experiencia para mí fue el resto de la gente en el curso. Un enorme grupo (de más de 100 personas) de todas las edades (desde 17 años hasta una ´cierta edad`- mi amor para Virginia!) y de todos los estratos y nacionalidades.

La oportunidad para hablar con tan diverso grupo, mayormente sobre temas que normalmente no se tocan durante conversaciones informales, fue maravilloso.

Sin posturas o presunciones, simplemente con honestidad, consideración y aceptación. La vida del ashram ofrece una verdadera introspección sobre una forma de vida diferente. Tal vez no todos los aspectos sean del gusto de todos (por cierto no del mío), pero hay muchísimo más que es positivo, y valioso para utilizar en nuestras vidas ´normales`.

Básicamente lo que creo que estoy tratando de decir es que el TTC fue una experiencia verdaderamente hermosa. Aprendí muchísimo, sobre mí mismo, así como sobre yoga. He cambiado para mejor, la forma en como miro al mundo y a mi vida.

Inclusive respeto (y hasta casi extraño….) los momentos ´menos buenos`!
Om shanti shanti shanti Om paz paz paz.

Omkar (Daniel – Brighton, UK) – TTC
Nassau, Bahamas ´99

 

Este otro mensaje, viene de Uruguay

Durante el TTC en el Ashram de Bahamas, aprendí a convivir, compartiendo con otros todas las actividades diarias. Aprendí a dar sin esperar nada a cambio. Aprendí a sentir a la gente de otro modo y a entender el mundo de otra forma. Terminar el curso no ha sido el fin de algo, sino que el comienzo de una forma diferente de vida.

Ana Laura (Uruguay) -
TTC Nassau, Bahamas '99

 

Ahora uno muy largo desde el Norte de California
Om Namah Sivaya

El canto de los pájaros en la mañana me recuerda el Curso de Entrenamiento para Profesores (TTC) en Bahamas. Hay innumerables e indescriptibles diferencias entre la vida del ashram y la vida “normal”, pero los pájaros no cambian. Ahora cuando escucho los pájaros en casa, en California, recuerdo los pájaros de las Bahamas. Pero en el ashram, estaban por todas partes, volaban desde todos los lugares y hacían que todos nos paráramos a mirar. Caminando por uno de los senderos del jardín, un pájaro desplegaba su cola y volaba frente a mí, alejándome de mis pensamientos. Uno simplemente podía mirar una paloma, olvidarse de sus pensamientos y ser un ser humano. Pero había muchísimas cosas en el Ashram para Retiros de Yoga de Sivananda que a uno le daba la sensación de ser simplemente un humano. Antes de llegar a las Bahamas yo no sabía nada acerca de los ashrams o de la vida de un ashram. Puse un pie en el muelle a la hora del crepúsculo, las palmeras se mecían, los barcos crujían y borboteaban y me dí cuenta de que no sabía en lo que me había metido. Allí no había nada familiar. La quietud no encajaba con todos los sonidos de mi ciudad, con los aviones en los que había viajado y con el ruido de mis pensamientos. Darme cuenta de lo ruidosa que yo era en comparación a mi entorno me puso más ansiosa.

Era Febrero y no podía creer lo cálido que estaba el tiempo. Todo lo permeaba, parecía respirar desde los árboles y elevarse desde el césped y la arena. Instintivamente quise saber cuál era la fuente. Llegaba al mismo tiempo desde todos lados y desde ningún lugar, un aire cálido y húmedo que se pegaba a la piel. Más tarde me dí cuenta de que la humedad en realidad nunca se va y que a menudo en las mañanas antes del amanecer mis ropas estaban humedecidas y pegajosas al tocarlas. A medida que salía de la carpa y me dirigía al templo se iban secando.

Durante esa primera noche, en esa quietud y con ese calor, qué foráneo; estaba desconcertada. Las palmeras parecían ser más que palmeras. A la luz del jardín examiné las flores. Era imposible que no me encogiera de hombros frente a cualquier cosa, o que tomara algo por sentado, ya que nunca había visto algo como esto. Adelante mío, en el templo, pude ver seres humanos sentados sobre sus pies descalzos sobre el piso de cemento, abrazando sus rodillas con los brazos, o con las piernas colocadas a voluntad, como si fueran gatos relajándose en la oscuridad. Levemente, podía escuchar unos cantos. La brisa olía a incienso. En mi desorientación, ya había empezado a echar de menos lo que había dejado detrás. Había mucho júbilo, gran alegría, bajo los techos del ashram, entre las palmeras que repiqueteaban al viento, en las ráfagas de incienso que llegaban hasta la bahía y en los cánticos del templo.

Me dí cuenta, a medida que el curso avanzaba que el TTC es parte de una experiencia de vida, como cualquier clase de enseñanza, con libros y conferencias. De hecho el estudiante aprende a guiar una clase de yoga y aprende a como crear una buena experiencia para sus alumnos. Pero acontecía mucho más que eso. Algo mucho más importante, era una entrada a la vida pura, la vida limpia y por eso mismo me dió una oportunidad para mirar más profundamente, la vida en general. Mi primer día completo en el ashram, fui consciente de la profundidad de esta vida. Un cuadro de la diosa Lakshmi fue colocado y venerado al costado de una de las pequeñas casas al lado de la bahía. Yo estaba junto a más o menos unos treinta fieles, la mayoría mujeres. Frente a su imagen se quemó y se ondeó alcanfor. Se lanzaron mantras al viento, sin resonancia. Los sonidos se apagaban, aún la campana que sonaba constantemente, en el aire caliente.

Coloqué flores frente al cuadro de Lakshmi, una deidad sobre quien yo había leído vagamente algo en la escuela, y me preguntaba por qué el ritual no era elegante, limpio. Me postré frente a ella y toqué torpemente mi cabeza contra el áspero cemento, luego de haberle lanzado un par de humildes flores a sus pies. Toda la práctica carecía de lustre y sin embargo a pesar de su tosquedad tenía significado. Sin prestarse atención a si mismo, a su tosquedad, este ritual no se empeñaba en su belleza. En esta falta de pretensión y en su total devoción, aquello que podía ser percibido como una tosca ceremonia, era puro y hermoso a pesar de si mismo. Hacía que una simple vereda fuera hermosa.

Básicamente el día transcurría así:

Al comienzo, los días parecían ser eternos. Las realidades del curso eran una sorpresa para mí y para muchos de los estudiantes. No me había dado cuenta de la intensidad de su estructura, la cantidad de disciplina que se practicaba, las austeridades. Escuché mucha gente que se preguntaba “¿A qué vine?” y “¿Un mes entero de esto?”, “¿Estoy loco?” Era una vida difícil.

Estaba a dos mil millas de mi casa y de todo lo que me era familiar, y aquí había poco en lo que pudiera confiar que no fuera mi verdadera y propia identidad. Lejos de mi ropa, mi trabajo, mi vida cotidiana y la identidad que doy por sentada, tenía que preguntarme qué era lo que quedaba de mí? Me ponía un uniforme que me pedía que me olvidara de todos mis otros apegos, de mi identidad fuera del ashram y que simplemente existiera.

Las austeridades nos hacían practicar la humildad y también simplificaban la vida. El lavar la ropa a mano era un asunto de practicidad, vivir en una carpa o en una habitación simple eran asuntos despojados de lujo. Nos sentábamos en el suelo todo el día, sin ningún apoyo para la espalda. No había ningún misterio con respecto a lo que íbamos a ponernos, a lo que íbamos a comer o hacer. En esta humildad, desnuda de cualquier pretensión de todo lo que yo creía que era, o de todo lo que yo quería ser, mis imperfecciones e inseguridades se evidenciaban tanto más delante mío. En las rigurosas prácticas de yoga, hay un intento de mirar dentro de uno mismo, de desnudarnos delante de nuestros propios ojos. Yo no podía escaparme de mí misma, y de mi deseo personal de paz nacía el probar y aceptar todo. Creo que gran parte de nosotros se preguntaba qué era exactamente lo que obtendríamos de todo esto. Algunas veces, era un tema tal de resistencia, que dejé de hacerme preguntas y vivía el día sin pensar demasiado en casi nada. O por ahí caía en ataques de soledad o de ansiedad. Más que resignarme al curso, me sometí a él.

Al final había decidido que era demasiado fácil etiquetar todo lo que nos había ocurrido a los TTC. Tal vez habíamos “crecido”. O quizás, de alguna manera habíamos “cambiado”. Creo que para todos fue diferente. Personalmente, yo saboreé la libertad y también saboreé un poquito de felicidad y de paz. También lo ví en las caras de los otros. Durante la iniciación al mantra, frente a la bahía y al amanecer, estábamos todos sentados, hablando poco, esperando nuestro turno. A todos nos brillaba la cara. Parecían piedras pulidas, los rostros suaves y firmes, sin esconder nada. A veces miraba sus caras y me sentía como si estuviera mirando un arte grandioso y antiguo. Tal era la belleza.

Durante la graduación había júbilo. Creo que la alegría se debía en parte porque finalmente habíamos terminado el curso, y también porque habíamos encontrado dentro nuestro la alegría, sin restricciones. Durante todo el talent show, la risa fue libre e intensa. Nos reíamos de las dificultades del curso, de los swamis, de la falta de sueño, del mal olor de los caños, del ruido del Club Med. Fue una fiesta espléndida en la que todos estaban sobrios (imagínense eso). Esa noche había una calidez increíble. Más tarde escribí, “Es tanto todo lo que siento, como si estuviera implosionando, estoy floreciendo, se han abierto más pétalos. Me siento bendecida. Siento amor.”

La última noche en el ashram, le dije a Swami Atma, “No tenía idea de que las enseñanzas fueran tan profundas. El cambio que siento es sutil e indescriptible. Y no tengo ni idea de cómo sucedió. Yo simplemente me dediqué a hacer todo lo que se me pedía.” A lo cual Swami Atma asintió con su cabeza, de total acuerdo. A pesar de que estuve tanto tiempo allí atravesando dificultades, sentí tristeza por tener que partir. Aún hoy en día, recuerdo al ashram como a un lugar en donde sentí paz.

Sundari (Cynthia) – TTC Nassau, Bahamas 1999

Om Namo Narayanaya